Una sola canción puede definir varios caminos en tu vida.
La primera vez que escuché esta rolita fue por mi hermano. Él estaba en su cuarto, con la melodía puesta a volumen medio. Me aproximé a su recámara, le pregunté por la canción y fue ahí donde me enteré de Yoshimi y sus batallas. Contexto: él en prepa y yo en primeros semestres de licenciatura.
Con esa canción se despertaron dos eventos: mi interés por el idioma japonés y ampliar mis lecturas en filosofía. ¿Cómo llegué a esto? Por mi hermano. Sus gustos personales me llegaron a sorprender. Aprendí por él que existía la animación japonesa, por ahí de mis 18 años, mientras él se encontraba cursando la preparatoria. Me compartió algunas series de anime Soho, bastante divertidas que me traen buenos recuerdos. Motivada por esa aproximación al idioma japonés, dediqué un buen tiempo (mis mañanas a las 8 A.M. de todo un verano, lo recuerdo bien) para comenzar a estudiar este idioma. También en las tardes que pasaba a saludar (en nuestra adolescencia éramos celosos de nuestro espacio AKA recámara), caché por ahí que tenía "La República", de Platón y un libro pequeñito del Fondo de Cultura Económica, titulado "La Filosofía", del cual no recuerdo el autor.
Por ahí se comenzaba a almacenar en mi subconsciente el divergir. Mi hermano, un año y medio menor que yo, me mostró desde ese entonces cachitos de mundos que más adelante exploraría y definirían parte de lo que soy. En cierta forma somos similares, pero asincrónicos. Me encanta la idea de tener memorias fraternales, y pues, aún no se lo he dicho; esta gran aportación que él ha sumado en mi vida.
