Comencé a leer el libro: Ciudad Abierta y Sustentable a mediados de febrero. Son varias reflexiones las que capturo de las páginas. El libro como tal, se encuentra estructurado en una serie de artículos, compilados por Marina Robles García y Eugenio Fernández Vázquez.
Sería más acertado mencionar que, más que reflexiones, son preguntas las que llegué a colectar. El libro, a mi parecer, me recuerda a la multidisciplina (artículos fronterizos, hablando sobre el mismo tema, sin llegar a conectarse), aunque dentro del contenido de cada uno se atisba un interés por el carácter interdisciplinario para llegar a una ciudad sostenible. El eje central de las exposiciones aborda la ciudad como concepto general, aunque también las particularidades de la Ciudad de México.
Entre los diversos argumentos y descripciones, uno destaca: ¿seguimos conectados con la naturaleza?. Se habla, enfáticamente, del desequilibrio como característica fundamental de las ciudades.
Personas atareadas, con vialidades y caminos cada vez más lejanos a las zonas de trabajo. Islas de calor, desertificación, contaminación del agua. Asimismo, los autores coinciden en un axioma: las ciudades, como centros densamente poblados, también se presentan como un centro facilitador de la comunicación.
Enfatizan: resolver los problemas a pequeña escala, que fungen como medidas remediales, no deberían desviar la atención de los temas más amplios, causales del desequilibrio (producción y consumo).
Se habla y reflexiona sobre una ciudad justa, diversa, creativa, ecológica y que favorezca el contacto.
¿Tenemos ciudades de esa índole?
También nos advierten: ¿Qué tan artificial puede ser una ciudad? ¿son las plazas públicas, arboladas, espacios de recreación, o de control y orden a través de la estética de la flora (flores exóticas, árboles perfectamente podados y alineados)?
De esta misma línea cuestiono: ¿a qué especies estamos permitiendo la entrada a las ciudades?
"La ciudad abierta tiene más bordes y membranas".
Encuentro frases optimistas: "El planeta es perfectamente capaz de mantener a toda la humanidad si respetamos el funcionamiento de la naturaleza y nos centramos en el buen uso de la tecnología. [...] la sostenibilidad podría convertirse en la filosofía dominante de nuestra era, de modo que las ciudades - el hábitat de la humanidad- podrían entrelazarse de nuevo con los ciclos de la naturaleza".
El libro me fascinó. Los artículos plantean profundas reflexiones: se reitera, los seres humanos y nuestros asentamientos forman parte del planeta; la relación que tenemos entre nosotros mismos dentro de las ciudades y con "el exterior", ¿Qué tan saludable es para nuestra salud corporal y mental?; las ciudades actuales como sistemas cerrados, consumistas, llegan a ser altamente productivos, pero sin ser sustentables; segmentados, aglutinados, dirigidos, moldeables.
Un mensaje revelador: comunicación.
Tania
