Siendo humanos existen realidades que nos pasan desapercibidas. Entre la flora agreste o doméstica, la comunicación es inmensa. Hay un misticismo oculto bajo sus mecanismos, acontecimientos maravillosos: emplean la gran masa de aire que las rodea para enviar mensajes, esferas de minúsculas y fragantes fantasías. Sus sueños. Sus miedos. Sus anhelos.
A través de las sedosas moléculas de oxígeno y nitrógeno, entre vapor de agua, transportan todas las inquietudes que poseen; infinitesimales, fragmentarias notas aromáticas. Por sus raíces viajan ríos dulces, que convierten las largas distancias en sinérgicos caminos, conviviendo en armonía con organismos uni o multicelulares.
De manera sublime, entrelazan sus caminos con mariposas y abejas; en la privacidad de lo microscópico, en la sutil caricia y pausadas mordidas generan nueva vida.
Alguna vez unos tibios pétalos se deslizaron en mis labios.
¿Se puede haber sido más feliz?
