Chirographum

Toma de mi mano. 

Ancla tus huellas a la piel que las recubre. Siente las superficies que las han habitado en esta unicidad.

Mantente cerca para revolver el tacto de aquellos objetos perdidos. Quiero que sientas los copos húmedos y fríos, laminillas que fueron mi compañía en los días donde el aire me helaba el rostro.

Decir: "toma mi mano" es una invitación a sumergirte en los arroyos que han acariciado cada uno de mis dedos. Deseo que percibas las palabras que he formado en las máquinas de escribir antiguas. Quiero que sientas el dolor de aquella aguja punzante que penetró la carne suave y tibia. El espeso líquido carmín que ha corrido por ellas. 

Quiero sentir el metal de las perillas que tus manos han girado, impregnar con su olor mi piel. Las aceras donde nos hemos sentado a conversar, entalcándolas de ese polvillo blanco mineral.

Decir: "toma mi mano" es repasar las páginas donde las yemas-ojo han navegado. Es sentir tu cabello enredándose en mis uñas, tu suave melena de niño. Cada espacio, del meñique al pulgar, espera anhelante completar ese rompecabezas de nuestros nudillos. Las arrugas, los sutiles vellos. El brillo de tus uñas. Tocar tus manos es un portal a tu pasado, a tu presente y una invitación a permanecer en el "futuro". Esa época que nunca llega, en la que nos encontramos varados como náufragos, avanzando en círculos en una isla donde escasea el agua fresca.

Entrelazar tu mano y la mía es un portal. Es la singularidad, un abismo; un agujero negro que implosiona toda la realidad. Me desprende de lo falso. Me siento acompañada en esta travesía indisoluble y rara vez comprensible. Te siento. Siento tu compañía. Despierto al mundo donde el amor es posible y me absorbe a dimensiones desconocidas. Con tu tacto. Con tus dedos. Anclar tu mano a la mía es un puente a las caídas de tu infancia, a los barrotes llenos de herrumbre y pintura desgastada, a los pasamanos del colectivo donde anduvimos, meditando, lanzando la vista lejos por la ventanilla; son las flores que he cortado, el sudor que he quitado de mi frente, las castañuelas que toqué cuando niña. Las agudas notas aceradas, las escalas del blanco y negro, los bocados que hemos llevado a nuestra boca. Es la dicha de encontrarte. Y que me encontraras.

Tragaluces temporales. Manos: caleidoscopios que se abren y transmutan, llenándose de color con cada mano extendida, aguardando por la pieza única donde se funde la literatura con la realidad.



Avksentije (Klozevits)




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