Damos por hecho la naturaleza.
Se coloca dentro de nuestro imaginario, dentro de nuestro sistema de creencias; y nos proporciona sostén.
Así como hacemos con un lápiz de afilada punta: lo tomamos y damos por hecho (por conocimiento práctico) que dejará un rastro de grafito sobre el papel, y con ello podemos escribir un texto o esbozar un paisaje, de la misma manera hacemos con la naturaleza.
Asumimos que está ahí. Afuera, en la lejanía. Disponible para cuando queramos regresar a ella.
La concebimos inmaculada e inmutablemente cíclica.
La idealizamos como la guarida donde podremos re-encontrar la vida.
Pero, ¿vive?
En nuestro ensimismamiento digital/urbano/consumista, damos por sentado un precepto: la naturaleza "se repara sola". Lo vivo se mantendrá vivo, y mientras yo aguardo en mi citadina caverna, veo "las sombras" de lo que acontece fuera.
La modernidad trajo consigo la fusión de dos conceptos mutuamente excluyentes.
Olvido y Materia.
En un ejercicio (en desconocimiento) transdiciplinario, el nivel físico y el nivel lingüístico llegarían a la transmutación mercantil y consumista que nos mantiene sumergidos en un mar de agonía social y natural: olvida lo que existe.
Creencia natura
Fundamentamos nuestras acciones en la "creencia" que la naturaleza continúa viva.
.
Jamás abandonamos el concepto de ciudades amuralladas, como en la edad antigua. Siendo ahora que, en lugar de protegernos de agentes externos, nos sirven de gruesos muros del olvido. Desechamos todo aquello que no queremos ver.
Consumimos. Vertemos. Tiramos. Colocamos en bolsas plásticas, selladas, objetos que (asumimos) desaparecerán, allá afuera. Allá donde la naturaleza, contradictoriamente, nos aguarda.
Construimos una realidad en torno a un concepto que invalida todo aquello que nos rodea: lo desechable.
Desechable. Desechable. Desechable. Desechable. Desechable.
Crédulamente incorporamos este génesis del exterminio, de la devastación, y vivimos tranquilos con ello.
Desechamos personas. Desechamos objetos. Desechamos nuestros propios cuestionamientos. Desechamos el ejercicio de pensar, de la chispa que nos lleva a preguntar si lo que se nos presenta "como usual y verdadero" se justifica. Sesgo epistemológico. Limitamos nuestro mundo y nuestra experiencia humana al (contradictoriamente) incluir una palabra en nuestro ideario.
Desechar. Des. Hecho.
Y lo creemos. Damos por hecho que es cierto: que es verdadero y es justificable.
Contaminamos ríos. Vivimos con micro y nanoplásticos en nuestra sangre. Los depositamos en la sangre de otros seres. Extinciones masivas. Peces ahogados en petróleo.
Creencia natura
.
Justo ahora, me encuentro frente al computador. Tristemente, con un bote de basura a unos pocos metros.
Creencia natura
.
Deseo la libertad.
//aún
¿existe?
//¿o es que todos somos seres confinados?
Tania.
