literatura generativa

#2 

Me quedaban otros veintiséis minutos. Encendí un cigarro. Intenté no pensar en nada. El cigarro se consumió y lancé lo que quedaba de él a un rincón de la habitación.«Anoche soñé que mi cama estaba cubierta de polvo. Yo me levantaba convertida en una aspiradora. Restregaba mi cara contra la cama y esnifaba sin detenerme».

Sentándome en una platea solitaria dejé que pasaran los minutos, mientras al margen de mi inercia iba notando el decrecimiento del inmenso clamor desesperado. «Otras noches te sueño de niño, en el río, junto a los sabinos. Sueño ese rumor del agua sobre las piedras. Esa humedad bajo los árboles».

El mes de agosto, opté por consultar a un psiquiatra. No le confié toda mi ridícula historia; le dije que el insomnio me atormentaba y que la imagen de un objeto cualquiera solía perseguirme. Puede ser un síntoma Cannabis indica; ya se sabe que un cannabis indica tiene sensaciones exaltadas, con exageración de tiempo y distancia.

Parece que se ha levantado un velo delante de mi alma, y el inmenso espectáculo de la vida no es a mis ojos otra cosa que el abismo de la tumba, eternamente abierto.

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Es medianoche. Antes del alba darán conmigo y me encerrarán en una celda negra, donde languideceré interminablemente, mientras insaciables deseos roen mis entrañas y consumen mi corazón, hasta ser al fin uno con los muertos que amo.







Este ejercicio surgió de los intercambios de audios entre dos personas, quienes desde sus respectivas habitaciones, se acercaban al librero y leían fragmentos al azar.
Etgar Keret, Buenas intenciones, Extrañando a Kissinger
Raquel Alejandra Bojórquez, Diario en blanco, Andan sueltos como locos
Julio Cortázar, Final del Juego, Las Ménades
Sara Uribe, Antígona González
Jorge Luis Borges, El Aleph, El Zahir
Julio Cortázar, Cefalea, Bestiario
J. W. Goethe, Las Desventuras del Joven Werther
H.P. Lovecraft, Amados Muertos