Reformular lo desechable

 




Permitimos que un concepto, ideado en 1943, se adueñara del mundo.

Cada día nos adentramos más en la sociedad metamoderna, hace poco me apoyaron en caer en consciencia de ello. Conocemos a plenitud el balance de los opuestos como una verdad ineludible e inmanente de la vida que circula por el arreglo atómico que nos conforma. Como humanidad, como rizoma, estamos llegando a un momento clave, en el que la información nos permite reconfigurar nuestros sistemas de creencias. 

Lo "desechable", desde la intuición cíclica de nuestro ser, se muestra fuertemente como un concepto asociado (¿causa?) del antropoceno. Como todo sistema de creencias, podemos actualizarlo. De forma optimista y al tiempo desoladora, la tecnociencia asociada a la industrialización de la época moderna, nos arrastró hacia un entorno de hiperconexión y eventualmente, a la máxima personalización e individualización. Lo desechable, por su "practicidad", nos hizo creer que la materia y el olvido son conceptos fusionables.

El consumo merma nuestro sentido crítico. Me gusta hablar en plural porque formo parte del mundo, porque nos constituye. Y, fundamentalmente, nuestras experiencias sociales, culturales, científicas, dan forma a los límites y horizontes de nuestro mundo circundante.

Aún no transcurre un siglo desde que este término se abstrajo e inserto en nuestra realidad. Aún es momento, que desde la información, la empatía y el conocimiento, podamos re-estructurar lo que nos hace humanos, lo que nos constituye reales. Lo que nos otorga vida. Reformular nuestro sistema de creencias, partiendo del concepto más contaminante, para nuestro mundo, para nuestras relaciones, para nuestra estabilidad y pertenencia, puede ser el primer paso que este planeta necesita.


Tania.