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De pronto las galaxias se van haciendo pequeñas. 

En este siglo, contrario a como Galileo dibujaba las manchas de la Luna, la astronomía como él la vivía entremezclaba la realidad con el arte 
(¿Qué otra cosa se puede ser sino subjetivo cuando el instrumento incentiva a los sentidos? 
La ciencia también ha sido estética, o acaso, ¿el conocimiento per se resulta ser estético?)
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Hoy en día, se entremezcla la realidad con el sueño.





Lo racional y lo sensible.

Es una mancuerna que en ocasiones difícilmente amalgama.

Pero sin razón y cuerpo, ¿Qué quedaría?



Astros, polvo, galaxias.


Si no existimos para percibirlas, ¿Cómo asegurar su presencia, cómo negar su existencia?

El abismo de Clarice.

La inmundicia de reconocernos nada.

Vivos y no-vivientes. 



Una cucaracha en la pared de nuestro cuarto blanco.