Lino y sulfato



Llegué a este compositor/músico por casualidad-causalidad.

Un pensamiento que se volvió ejecución y sonido, ondas que llegaron a mis oídos y aún resuenan. Es viento, caracola. Me encuentro en esa playa, nocturna. Mis pies bañados por la espuma, dejándose enterrar entre la arena fría.

La metamorfosis. 


El ruido se convierte en cualidad cromática. Resuena la ternura y la alegría. Me quiero empapar de alegría, me empapo de alegría cuando soy yo misma.

Mis manos son las ejecutantes de una vida. Tocan el piano, digitan textos, los deslizan. 
Mis labios besan, acarician, sonríen. 

Mi cuerpo siente, se coloca, navega y ondula por la Tierra.
Observo atenta. Los sonidos. Las fotografías. ¿Cómo es que vivían aquellas personas que gestaron cosas tan bellas? Lisura de estatuillas negras. Hebras entretejidas de algodón.

El agua.

Quiero ser agua. 

"El sonido de miles de gotas, tocando al azar el suelo"- Te entiendo.

En mi mundo, en mi ahora, donde el tiempo se volvió visual, ya no escucho las manecillas.
No hay objetos que las contengan.

Y sin embargo, resuenan aún en nuestra mente. 
Elaboramos el concepto.

Tic-tado tiempo de madera antigua.

Me sonríes.

Se detiene la música de fondo. Banka. Y olvido aquello que estaba por escribir.
Así de efímera es la memoria, la imagen.

Una muestra de lo que sigue, nuestro parcial olvido

Ahora mismo recuerdo una piel "Ivory". De mejillas rectas y ligeramente sonrosadas. Flechas obsidiana balanceando los sutiles labios. Lunar que se coloca en asimetría por la cordillera de tu respiración. Cavernas negras que conducen al principio de tu Universo intelectual. Ahora mismo pienso en el espécimen "Ivory". Y en su sabor que simplemente no olvido. En la nariz fría e hirvientes manos.

Así como ese ruido ambiental que me acompaña.
En ese sonido te encuentro y vuelves a mi memoria:
                                                             Hierático recuerdo de zarcillos negros.

 Me observas contenido en la misma estatuilla negra de mis noches en la arena.


Me entregaste la belleza que no se observa, en mi mente tomabas de mi mano. En tu mente, solo abrías una puerta. La subjetiva escena queda a cuenta de cada cual. Me inclino por la ficción que invento.

Ese jardín con espinas. Ese herraje forjado en ventana. Portal parcial. Portal inmaterial.
Sentí tanto.
Sentí cómo me consumía la inmensidad.

Y me quedo flotando. 
Me siento eyectada, flotando en el Espacio.
En la posibilidad.

Lienzos en blanco.

Esta es una historia que solo los dos conocemos. Una renuncia que en la necedad quedó truncada.
Aprendo de la aceptación y no aceptación.

En mi era psi de Lipovetsky. Simplemente no creo nada.

¿Cómo pudiera creerlo, si la filosofía natural Goethiana me parece más bella?
¿Cómo podría creerlo si la filosofía me ha mostrado que no crea?

¿Cómo justificar los ajustes a la esencia desde "mi era", desde el cimiento Narciso que todo observa, refleja y contamina? Albergo mi pena.

¿Cómo habitar un mundo estructurado en la no-vida?

Vida, es a ti por quien aguardo y a quien busco.
Te mostraba una vida.

Y sí, como Clarice, que trasciende mi tiempo y me encuentra, me despierta y me reafirma. 

Lo confieso. Mi cuarto blanco me abruma. No fue una cucaracha, sino un pez. 
No fue un departamento, sino fue agua.

El abismo de las fosas transparentes. Peces-gato observándome de frente, cuerpecillos que no se saben inmersos en gris de Payne. Flotamos, me introduzco al mundo donde nacieron. Donde han habitado desde siempre.

¿Qué hago?
¿Qué percibo?

Vuelvo a colocar la misma música. Banka. Oriental. 
Mi piel se impregna de malvas.

Sigo siendo.
Me continúo.
Y sonrío.


(Masao Yamamoto)