Meitei, o la filosofía natura

Confinados en el universo.




Mirar hacia afuera es también observar adentro. ¿Cómo negarnos al trino que sucede al interior de nuestras mentes? ¿Cómo pasar por alto la caricia de la vida en nuestras manos? No hemos nacido para ser bellos, en futuro; no, ya lo somos. Somos bellos, desde el defecto sublime de nuestras almas. Surcar errantes las galaxias y el espacio interestelar. ¿Por qué retenernos en este campo? ¿Por qué zambullir los ojos en lo macro, cuando también podemos sumergirnos en la inmensidad del pensamiento?

Seamos sutiles, con lo que se-es tiempo. Pessoa atina a redactarlo claramente. Me soy. Lo encuentro nuevamente en Clarice, me-sucedo. Lo he encontrado en mi, se me antoja toroidal, teseracto inmaterial de pensamiento y suave brisa. Humedece mis labios, mi nariz fría respira aire con olor a sangre. 

Todas las personas se cruzan en tu vida, y tú en las de ellas, por una razón.
La apertura del tercer ojo.

Justo ahora late en mi pecho la vibración de aves japonesas, sonorizando los prados que existen en mi mente. De frente a mi escritorio, en mi computadora, "doy play" y acongojo mi corazón en un baño de argentada nostalgia. Una tristeza amarga del no poder haber sido vista en el amor. ¿Cómo deshago los átomos que quedaron manchados con su huella? Escucho la melodía entre lágrimas no-nacidas, retengo-me en la tenue sonrisa. Deshago 800 días. Desvanezco 800 noches. 

Estoy avanzando hacia un mar profundo, galáctico. Entre arpas electrónicas y silbidos de montañas. Mi copo de nieve, se derrite en la punta de la lengua. 

Vibro entre mi cardumen.