El vino detona una carcajada ingenua, desprendida de la causalidad: ¿Acaso soy yo quien río? ¿Acaso hay algo en el ambiente que provoca sin pensar mi risa?
Me apena la dulce (inserte la palabra "embriago" en portugués) , pierdo agencia.
Me acerca al sueño, la no vigilia del subconsciente.
¿Quién ríe?
¿Mi alma?
¿Me río de mi incompetencia en controlar el acto?
Se continúa dulce...