Hazte uno con el Tao

 ¿Quién encontrará este blog en el curso natural de la historia?


Hace poco leía el Tao, de 1998.


A los 9 años me deslizaba por los espejos helados de agua congelada en el patio escolar.

Inviernos al norte del país. Caminando entre aguanieve los fines de semana. Retirando la gruesa capa de escarcha, cercana a un centímetro, del vidrio parabrisas. Lajas filosas blanquecino-transparentes. Un Cutlas de color vino. 

Mi primer pijamada, bajo el cielo nocturno, ocurrió dentro de ese auto. A mitad del patio, en una cochera sin techo, contemplaba las estrellas. Estaba llena de cobijas suavecitas, escuchando el silencio nocturno. Curioseando en la inmensidad del Cosmos.

Me recuerdo así, libre. Disfrutando mi compañía desde antes siquiera de cuestionarme si habría el-otro.


Me sentía bien en esa "independencia". Continúo igual, en mi camino. Un cielo nocturno estelado por el cariño de mis padres, en el fluido inmaterial que nos conecta. 


Ahora yo acompaño a Atenea en este viaje. La acompaño a que contemple las estrellas. Mi hermoso pedacito de cielo.