Han pasado acaso un par de meses; visité el amado Museo de la Ciudad de Querétaro. Tras las dos noches en la oscuridad, con Histoire(s) de cinéma, su mística abunda en máquinas de escribir eléctricas.

Albergué mi cuerpo y su experiencia sensorial en los bodegones rústicos, y me dejé sorprender por las geometrías del Cosmos: