El libro de Art forms in Nature fue de los primeros libros que pedí por paquetería. Cuando llegó, recuerdo que sentí bastantes ansias por abrirlo. Se sentía pesado, bajo esa capa gruesa de cartón.
Y de repente, ahí estaba. En mis manos. Las proporciones más agradables en largo, ancho y espesor. Y el olor que despedía, me resultó profundamente placentero.
Me conmovió al abrirlo. En ese entonces aún vivía en la casa de Jardines de la Hacienda, por lo que me dispuse a hojearlo por varias horas en mi estudio de pintura. En las últimas casas que he vivido aún no dispongo de un lugar para dibujar, ensuciar, dejar todo manchado. También creo que al cambiar de medio (me moví de acuarela, hacia acrílico y justo ahora comienzo a conocer el óleo), hace que prepare mi espacio de una forma más conciente. ¡El óleo y los solventes huelen mucho! y eso me ha prevenido de usarlos con mayor frecuencia.
Es por ello que creo que regresaré por un tiempo a las bases, ya sea dibujando o retomando la pintura en acrílico y el óleo tendrá una pausa.
Todo esto para llegar a la conclusión: desde las fotografías de Karl Blossfeldt siento la confianza de zambullirme en la cinematografía. El procesar la imagen tiene un propósito, un mensaje y un símbolo. No deseo hablar de mi misma, sino de lo que percibo. Es decir, ser un puente para aproximarme al otro.
La fotografía científica, o la fotografía naturalista, considero son un paso importante en el despertar de este discurso. En particular, las fotos de Masao Yamamoto siguen inspirándome un montón. ¿Qué son esas cartas o esa poesía que las habita? Creo que son "La Significación del Silencio".
¿Cómo sucede que de repente las artes convergen? ¿Qué son estas intuiciones que percibo o, más aún, que me llegan? He sentido una oleada de tranquilidad, como cuando entran tus pies en el agua de un riachuelo, y sientes los caracoles de río que se te suben y deambulan por tu piel.
O como cuando sujetas un pequeño renacuajo, y sientes su lisura húmeda y viscosa resbalarse entre tus dedos. O como cuando truenas la rama de un huizache y te sorprendes que es tan dura, y de ese esfuerzo, se escucha un "¡¡clác!!" seco y agudo, mientras se desprende un olor característico de la vida vegetal.
De eso quiero hablar en mi narrativa, de mi conversar con otras especies, de mi estar en el mundo, sin hablar de mi. ¿Qué sentido tiene contar mi experiencia? ¿Qué propósito tiene hablar de las vivencias? Creo que el transmitir va más hacia aprender a olvidarnos de nosotros mismos y a estar más conciente de que habitamos como un Todo, somos un bioma y ecosistema, y más allá de todo lenguaje, también está nuestro cuerpo, nuestras emociones. Distinguir la imaginación de lo real.
El renacuajo no necesita comprenderme, y sin embargo me percibe. Es justo eso, dejar que la percepción sea quien dirija el viaje.
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